Vamos a ver, saco de mierda. Trans son aquellas persona cuya identidad de género no corresponde con su género asignado, y eso engloba a todo tipo de personas, entre ellos la gente genderfluid, nb, agénero, etc.— Haplo Schaffer (@Haplo_Schaffer) 20 de enero de 2018
Vas a venir tú a decirme lo que es trans y lo que no, cismierda. pic.twitter.com/qSU4DjCB5i
Siempre he pensado que cuando una
persona carece de conocimiento, integridad, carisma e inteligencia
para comprender ciertos temas peliagudos, los cuales provocan daños
irreparables en grupos sociales amplios y heterogéneos, se debe
callar silenciando su nombre, no citándolo y dejándolo a un lado
para que aprenda que su voz no tiene poder ante el resto. Sin
embargo, llevo mucho tiempo en silencio observando.
Conocí a Dalas, el “popular”
youtuber, como muchos jóvenes de hoy en día. Di con su canal cuando
se dedicaba al humor más o menos “blanco” acerca de vídeos
absurdos. En aquella época nadie se podía imaginar que se vendría
a más, se creería líder de opinión y se convertiría en el
Eduardo Inda de Youtube provocando vergüenza ajena, rabia,
frustración, etc... Cada día que pasa en vez de ganar seguidores,
como él desesperadamente desea, consigue que muchos se vuelvan en su
contra.
Para él las denuncias falsas son algo
habitual en la sociedad, sobre todo entre las mujeres cuando intentan
señalar a su agresor. No niego que alguna habrá, pues no se puede
poner al cien por cien la mano en el fuego por todas las personas. De
hecho, a mí me han agredido mujeres; así como también me han
agredido en manada hombres y provocado que mi cuerpo estuviese lleno
de golpes. Nunca denuncié por miedo, intentaba sobrevivir cada día
en el instituto porque yo era “la bollera” a la cual tenían que
escarmentar, pero con el paso de los años me di cuenta que debí
haberlo hecho a la policía aunque me acusaran de “denuncia falsa”
los mandos policiales o siguieran con “cosas de críos”. Me han
acosado hombres creyendo que era una mujer, me han intentado meter
mano en una biblioteca en plena universidad y también me han seguido
a casa asegurándome que lo “bollo” se me quitaría con un buen
rabo. Tal vez por eso puedo decirle a este “proyecto de hombre”
que las denuncias falsas las habrá, pero hay miles de denuncias que
no se hacen por miedo, porque no se sabe cómo denunciar o porque no
tienes testigos y sabes que nadie te va a creer. Y lo llamo proyecto
de hombre porque hay que ser poco o nada hombre para echar por tierra
el sufrimiento de otros, sin importar su género, sexo, sexualidad,
nacionalidad, etc...
Por supuesto, que ahora no sólo ataca
a las mujeres o pensamientos políticos con los que se fundamenta usando Wikipedia. ¡Qué podíamos esperar de él! También ataca a
hombres, se le conoce por grescas continuas y peleas de todo tipo de
las cuales no hablaré ni quiero entrar en detalles. Sino que ahora
mismo ha atacado al colectivo trans usando “CISPLANING” que es
intentar hablar de transexualidad desde el privilegio cis.
En primer lugar, querido Dalas, te
diré que tú no eres precisamente trans para hablar de lo mal o lo
bien que lo pasa una persona trans. Las personas trans somos muy
diversas, somos un colectivo muy heterogéneo, por lo tanto algunos
lo habrán pasado mejor y otros peor dependiendo de la familia que le
haya tocado vivir, del lugar donde hayan nacido, de las leyes que
imperen en su territorio, etc...
He recordado al antropólogo, filósofo y gran ser humano Juan Gavilán -autor del libro "Infancia y transexualidad" en su ponencia en las III Jornadas Trans Andaluzas donde decía
emocionado: Los niños transexuales son inmensamente felices cuando
sus padres los aceptan tal como son. Los niños y las niñas trans no
tienen recuerdos de haber pasado malos tragos, y lo olvidan todo
porque en cuanto los amas como son ya nada más importa.
También he recordado mi infancia la
cual lejos del colegio, donde me maltrataban a diario con golpes e
improperios por parte de compañeros, fue privilegiada porque mi
madre comprendió, cuando tenía entorno a los cuatro años, que yo
debía decidir qué ponerme y con qué jugar. Yo elegía muñecas, cocinitas o peluches suaves, pero también trenes y equipamientos de fútbol que
por los ochenta era algo típicamente masculino. Mis juegos no tenían
género alguno y mi ropa era colorida, aunque desechaba las faldas
porque lo veía un símbolo demasiado femenino y yo rehuía de ello.
Pero mi infancia, en mi familia, fue feliz. Mi infancia, adolescencia
y juventud fue triste por la sociedad porque nací en una sociedad
equivocada, pero jamás en un cuerpo equivocado.
Yo nunca he transitado. No soy un
viandante, fíjate. No soy una persona que vaya por un camino a otro.
Siempre he sido un hombre, con unos atributos quizá que tú puedas
ver “femeninos” a tus ojos, y mi vulva es masculina desde el día
de mi nacimiento. No sé qué personas trans has conocido tú, pero
quiero que sepas que no te da derecho a dar un discurso sobre la
transexualidad. Los transexuales siquiera tenemos un género o
sexualidad fijada. Hay muchos hombres trans que no son binarios, son
agéneros o simplemente deciden tener un rol más binario. Hay muchos
hombres trans que son homosexuales, bisexuales, pansexuales... Así
como nuestras compañeras trans pueden ser no-binarias o menos, con
una sexualidad u otra. Tú no tienes derecho a hablar de la vivencia
de otra persona y menos de una persona trans.
Hoy más que nunca, querido Dalas, te
pido que te calles la boca y no vuelvas a abrirla. ¡Gracias!
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