Durante muchos años he tenido que
soportar sobre mi espalda la losa impuesta por la sociedad sobre “los
deseos trans” o “los deseos de las personas transexuales”
creyendo erróneamente que nuestra máxima es modificar los genitales
y tener un aspecto distinto en esta zona. La mayoría de nosotros
sabemos que estas intervenciones todavía no se hacen con una buena
eficacia, que tiene tantos riesgos y complicaciones que es inútil
intentarlo y el costo es elevado. La Seguridad Social no cubre esta
última intervención y por lo tanto no es algo que ansiemos
realmente. La realidad es tan distinta, tan terrible y tan asfixiante
que cualquier cisgénero podría pensar que está ante una película
de ciencia ficción.
El mayor problema de esta sociedad es
la nula empatia que gasta. No suelen ponerse en nuestros zapatos y
pensar en todos los pormenores que podemos vivir a lo largo del día
a día. Desde que nos levantamos tenemos que hacer el esfuerzo de
saber que fuera de nuestras viviendas, donde ni siquiera en ellas a
veces tenemos confort, tenemos que asumir las miradas y comentarios
de un barrio, un empleo en el mejor de los casos o un centro
educativo donde se nos va a juzgar y pensar que nos victimizamos.
La Junta de Andalucía se le llena la
boca diciendo que la Seguridad Social Andaluza cubre las
intervenciones, cuando en realidad sólo 2 de cada 10 consigue tener
esa ansiada cirugía que les calme mentalmente. Es injusto ser un
hombre con todas las de la ley y poseer unos pechos que no deseas,
los cuales te evitan poder tener una vida común y corriente como es
ir a una playa, entrar en un baño de un gimnasio o simplemente tener
sexo sin tener una camiseta, con un blinder y la luza apagada.
Hoy mismo estaba en la piscina de mi
gimnasio hablando con un viejo vecino. Cuando éramos niños ambos
sufrimos el acoso y derribo de la sociedad. Él es un joven con
ciertas minusvalías de nacimiento y vi como lo martirizaban chicos
algo más grandes, de hasta cinco años mayores que él, provocando
que se comportase a veces rebelde y con una mirada fiera. Tuvimos un
encontronazo hace tiempo, pero yo lo he olvidado por completo. Sé
que es sentirte agredido constantemente, que te digan que eres un
“bicho” o un “monstruo” y atacas a todo el que se acerque con
buenas intenciones porque sientes que te va a agredir. Como he dicho
hoy tocó charla.
—Yo te conozco desde hace muchos
años. Mucho antes que te operaras. No sé si te acuerdas de mí—me
dijo con una tímida sonrisa mientras se ajustaba el gorro de
natación.
—Claro que me acuerdo de ti—dije
emocionado porque me hablase. Llevaba días queriendo saber cómo
estaba, pues tuvo un accidente y supe que había estado muy mal.
Ambos hablamos. Él de sus problemas
que tuvo que costearse por privado y yo de los que tienen que
costearse los chicos y chicas que conozco. Nos dimos cuenta de como
nos desampara la sanidad pública, que si no es por privado no logras
nada y nos marchamos ambos despidiéndonos hasta el próximo día, el
cual espero que sea pronto.
También, hará unos días, hablaba con
Santiago, un hombre de 78 años, que va a nadar a diario y se siente
un “jovencito” cuando está en el agua. Conversando él me habló
de su cofradía, de su amor por las zambombas y me preguntó si yo
era creyente. Comenté lo que me había pasado con religiosos y que
yo creía en el alma, en la buena fe de las personas sin mirar su
religión, pero que no en Dios ni en nada similar. Él me se quedó
asombrado por todo lo que había pasado de intervenciones de cirugías
y me preguntó si eso lo pagaba todo la Seguridad Social. Yo pude
decirle que fue un milagro por parte de una gran mujer tras una
enorme asociación: Mar Cambrollé y ATA-Sylvia Rivera.
Mar Cambrollé estuvo moviendo las
cuerdas y ajustándoselas a la Junta de Andalucía para conseguir en
2014 una ley que nos hizo más libres, pero aún no del todo. No se
ha hecho nada contra la transfobia y las intervenciones son casi un
“milagro”. Pongo “milagro” porque ella se esfuerza día a día
para que se abran listas de intervenciones como las de Juan Grande en
Jerez de la Frontera, lugar donde resido, y otros, como es mi caso,
peleamos, pataleamos y gritamos en las calles para estar en esas
listas. De no haber sido por ella, los pies adoloridos de mi madre
que se patearon Málaga, Sevilla, Cádiz entero y Jerez para ir de un
lado a otro a mi lado y por mí mismo estaríamos aún esperando
“Dentro de tres años” como era la cantinela que nos dicen a
todos.
Hoy se ha subido esta entrevista que
quiero que se escuche porque es una realidad. Personas cisgéneros...
¡Os lo ruego! Dejad de creer que ansiamos un genital. Sólo queremos
salud, la salud que da la paz mental de sentirse libre sin cadenas ni
prejuicios.
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